Lola se puso en contacto conmigo para que llevara a cabo la restauración/transformación del cabecero de su cama. Estaba en perfecto estado de conservación pero su estilo colonial ya no cuadraba con los cambios que está realizando en la decoración de su hogar y quiso actualizarlo. Su idea era clara: pintarlo en color blanco puro con un acabado mate .
Antes que nada os dejo su ficha técnica:
Cabecero estilo colonial que mide 145 cm de ancho por 125 cm de alto. Se encuentra dividido en dos cuadrantes decorados por dos crucetas en aspa que albergan en su interior placas de rafia trenzada teñidas en un tono un poco más claro.
Los muebles de estilo colonial llevan unos tintes o barnizados con productos a base de aceite, que les da ese tono oscuro tan característico. Estos aceites tienen el inconveniente que reaccionan con las pinturas al agua provocando lo que se conoce como el "sangrado": unas manchas de color rosáceo o amarillento que no desaparecen por más manos de pintura que le apliques a posteriori.
Para evitarlo y para que agarre bien la nueva pintura la imprimación o selladora es fundamental.
Yo lo que hago es aplicar una mano de selladora y esperar 24 horas para comprobar si salen manchas o no. Si estas vuelven a aparecer, le doy otra mano de imprimación y así sucesivamente hasta que desaparecen del todo. Pero lo normal es que con una o dos manos de selladora se solucione. En este caso con una sóla mano de selladora ha sido suficiente.
Yo lo que hago es aplicar una mano de selladora y esperar 24 horas para comprobar si salen manchas o no. Si estas vuelven a aparecer, le doy otra mano de imprimación y así sucesivamente hasta que desaparecen del todo. Pero lo normal es que con una o dos manos de selladora se solucione. En este caso con una sóla mano de selladora ha sido suficiente.
Cuando seca la selladora la lijo y lo pinto con dos manos de esmalte acrilico Bruguer en blanco mate aplicado a rodillo de espuma muy estirado para un acabado homogéneo y sutil, casi lacado.
Tras dos manos el cabecero luce blanco puro y mate tal como lo deseaba Lola. Para darle más dureza a la pintura y proteger la madera le aplico una capa de cera virgen con carnauba. Tras dejarla secar unas horas le saco un poco de lustre con un paño de algodón que no suelte pelusa y así conseguir este aspecto ligeramente satinado propio de este tipo de terminaciones.
Las arruguitas y pequeñas ondulaciones que veis en la rafia en la foto superior desaparecieron al secarse la pintura. Una vez instalado en casa de Lola luce así de bien aunque aún falta por pintar la pared que ahora está blanca en un tono más contrastado para que el cabecero destaque en todo su esplendor.
Acompañaba al cabecero este portapañuelos en color blanco decorado con un decoupage de papel de arroz con rosas amarillas colocadas aleatoriamente en sus cuatro frentes. Es ideal para colocarlo en la mesilla de noche y tener los pañuelos a mano.
Comparto este post con las amigas del Inventando el Finde de Olga y con las amigas del Finde Frugal 128 de Marcela, pues ellas también saben como hacer magia con un poquito de pintura blanca. ;).
Si te gusta lo que ves y quieres más información contacta conmigo en alromasar@gmail.com.
Muchas gracias por dedicar unos minutos de tu tiempo a pasar por mi blog y a dejarme un comentario.





